19 feb. 2009

Toda una vida...

Hace unas semanas se casó una de mis mejores amigas de toda la vida. Y digo de toda la vida porque nos conocimos con 4 años, en "parvulitos", donde dedicábamos los días de clase a recortar cartulinas, pintar con los dedos e intentar ser la mejor amiga de la otra y la otra de la una.
Desde esa tierna edad hasta ahora han pasado unos 24 años, casi un cuarto de siglo, en el que ha pasado de todo. Hemos sido un grupo de amigas sólido, pasando juntas por el cole, el instituto e incluso eligiendo carreras parecidas.
Cuando empecé con el mundo de la noche, las circunstancias me separaron de mis amigas de toda la vida un poco, también por el hecho de que vivimos cerca, pero yo siempre he vivido en el barrio de al lado y bueno, esa pequeña distancia hay que salvarla en forma de hacer un poco más de esfuerzo y tiempo para verse.
Pese a eso, el contacto se ha mantenido siempre en forma de mail, de comentario en el blog, teléfono, comidas en medio de la semana y un poco más reciente, Facebook (invento del demonio que me tiene pegada a la pantalla de Inicio todo el puto día).

Mi amiga Ana se ha casado después de 7 años de noviazgo y 3 de convivencia con su chico. Ana, la que nunca jamás pensamos, ni ella misma, que hiciera algo así, porque era la más guerrera, reivindicativa y rojilla del grupo, pues ha acabado vestida de novia y guapísima, delante de todas sus amigas y amigos de toda la vida que nos pasamos media boda llorando.
Llorando no porque el hecho de casarse suponga algo digamos, diferente, para esa pareja en concreto o para todas en general. Llorando porque ves que pasan los años y esas personas siguen juntas, esa pareja y esos amigos, esos amigos de la infancia que han compartido absolutamente todo incluyendo los peores momentos que nadie podría vivir, como fue el 11M.
Ves que años después de haber vivido desgracias, porque justo nos hemos juntado un grupo que en fin...hemos pasado mucho malo; después de eso llega un día de celebración, donde el amor verdadero y la verdadera amistad hace emocionarse tanto que piensas: ojalá siempre tenga personas así en mi vida, una pareja que me quiera de esa forma y me mire siempre como el novio a la novia el día de la boda, unos amigos que hagan tanto por mi en un día así y en el resto de días de la vida...

Siempre he sido poco amiga de las bodas, de las bodas clásicas que me aburren soberanamente y creo que son un paripé en el que, sinceramente, no me veo.
De las bodas, no del matrimonio, institución que respeto e incluso puede gustarme, pero que simplemente creo que, por suerte, no es necesario. No es necesario a nivel legal, papeles, derechos, etc...y no es necesario para una pareja como símbolo de unión. La verdadera unión entre dos personas es el amor, el compromiso, el respeto, esa unión de espíritu tan tan dificil de tener y sobre todo, mantener año tras año. Y si te pones, la hipoteca, pero ese es otro tema jaja.

Pero luego ves algo así, una boda distinta, ves dos personas que no "necesitaban" casarse pero han querido hacerlo, y lo han hecho además de una forma bonita, emotiva, donde simplemente han juntado en un día a personas que los quieren mucho y que se alegran de que nos juntemos por fin, para algo alegre, y piensas... bueno, no es tan malo :)

Solo espero que si tengo que ir a más este año o próximos, consigan gustarme y emocionarme de esta manera. Desde aquí felicito a mi Anita, para decirle que sea tan feliz como cada día, ni más ni menos.

Y que todas seamos así de felices, como lo estamos ahora... pues siempre, nos lo merecemos.

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